El artículo señala que el énfasis en las reformas del mercado de trabajo como manera de salir de la crisis ignora la evolución del comportamiento empresarial que gobierna las grandes compañías transnacionales. Tales comportamientos, favorecidos y estimulados por intervenciones públicas que los han promovido, han sido responsables del gran crecimiento del desempleo y de la escasa recuperación económica que los países desarrollados están experimentando. El artículo señala como la manera como se ha llevado a cabo la globalización económica ha conducido a un sistema económico en el que unas elites empresariales muy minoritarias –la plutocracia- controlan no solo el mundo del trabajo sino también el mundo del consumo a nivel internacional, realidad que ha sido incentivada por intervenciones públicas de los Estados donde tales empresas tienen sus sedes. Esta situación es un ejemplo más de la excesiva influencia que tales elites tienen sobre los Estados, influencia que ha violado (hasta casi destruirlo) al proceso democrático.
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