Si hay algo que la banca extranjera envidió durante años del sistema financiero español es la fuerza de su red de sucursales. Esas oficinas en las que cientos de miles de ahorradores -por lo general con pocos conocimientos financieros- confiaban a comerciales, directores, interventores y empleados de caja el destino, casi a ciegas, de la hucha que preparaban para su jubilación, herederos o eventualidades. El idilio entre cliente y banco ha permitido a las entidades apoyarse en sus sucursales en tiempos de crisis para reforzar su tesorería, aumentar recursos propios o incluso, salir a Bolsa en momentos en los que los mercados de capitales desconfiaban de su solvencia. Pero, el resultado no ha sido igual de fructífero para el cliente.
Pensando sólo en obtener unas mayores rentabilidades, muchos particulares han contratado en los últimos años productos complejos como participaciones preferentes, deuda subordinada, cuotas participativas -como las que vendió la CAM, que hoy valen cero euros- o acciones de bancos recomendadas por la propia entidad a pesar de que el sector financiero es el más castigado en Bolsa en los últimos años.
Ahora, las pérdidas ocasionadas por la contratación de ese tipo de productos -que en ocasiones como algunas participaciones preferentes, se vendieron como si se tratase de depósitos- han provocado el malestar de centenares de miles de afectados que no se detuvieron a leer la letra pequeña de sus contratos.
En la mayoría de los casos, «hay una culpa compartida del cliente y la entidad», señala a MERCADOS el presidente en España de la asociación europea de asesores financieros EFPA, Carlos Tusquets, que considera que el problema de raíz es la falta de formación financiera tanto de los comerciales que ofertan estos productos en muchas sucursales, como del cliente medio español.
Tusquets recuerda que la rentabilidad real (la que genera ganancias descontada la inflación y los impuestos sobre el capital invertido) sin riesgo no existe. Por ello, hay que «dudar y preguntar» antes de contratar productos muy atractivos.
La presión que sufren muchos comerciales por el cierre masivo de sucursales hace que a veces se primen los objetivos al asesoramiento al cliente. Esto deriva en evasivas ante las preguntas del usuario profano en finanzas.
Un ejemplo es el de los pagarés, que algunas entidades comercializan como si se tratase de depósitos argumentando que están garantizados por el propio banco. El problema es que muchos desconocen la diferencia entre ese aval y el del Fondo de Garantía de Depósitos. Y además, confían en la solvencia inquebrantable de la entidad en la que guardan sus ahorros.
Para evitar abusos bancarios con clientes que por falta de cultura financiera no pueden comprender el producto que contratan, nació la normativa MIFID, que exige a las entidades someter a sus clientes a un examen antes de venderles productos financieros. Varios casos llegados a esta redacción revelan que es una práctica común entregar cuestionarios con las casillas premarcadas a ordenador a los clientes. Desde la CNMV justifican esta práctica cuando el banco tenga información previa del cliente en sus bases de datos.
El supervisor del mercado -que es el encargado de autorizar las emisiones de participaciones preferentes, deuda subordinada o pagarés- reconoce que se han cometido abusos en la comercialización de muchos de estos productos, pero se ampara en la imposibilidad material de contar con un inspector por entidad para controlar las prácticas bancarias.
Desde la asociación de usuarios de banca Adicae denuncian que las entidades utilizan sus bases de datos (en las que figura por ejemplo, el vencimiento del depósito del cliente) para dirigir sus campañas en función de los productos que el banco necesite colocar en cada momento.
Y así pudieron colocar entre particulares más de 30.000 millones de euros en participaciones preferentes, de los que todavía hay unos 10.000 millones en el mercado, o más de 62.370 millones de euros en pagarés, según datos de (Artículo de María Vega para el suplemento de Mercados de El Mundo, 08/04/2012)
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